viernes, 21 de septiembre de 2007

el hombre de plástico

el universo, brindis

más que todo, es una chocolatada por siempre caliente, que nunca se enfría, siempre en la temperatura apropiada, que no sabe nada de humanas entropías, una chocolatada perfecta, con el azúcar justa, revuelta constantemente por una cuchara construida con amor y nanotecnologías
también el universo es la mente que se perpetúa en la chocolatada, es la conciencia del sabor y la superación del sabor que se encuentra en el fondo de la taza cuando esta no se encuentra ni llena ni vacía, la mente que imaginó la chocolatada y la taza cósmica en que beberla, la mente que desarrolló la receta original de la chocolatada y quien enseñó al primer hombre cómo beberla
la taza es infinita, entonces el hombre de plástico también supo serlo y extendió los brazos al infinito hasta tocar la palma de la mano de quien revuelve la cuchara y juntos la levantaron y brindaron

su historia

habiendo visitado incontables mundos de la mano del morador del umbral para volver al punto de donde había partido, sólo para despedirse de aquel conjunto de burbujas iridiscentes y oscuras a la vez que nunca más volvería a ser su compañero pues para el verdadero viaje es inútil y a pesar de no tener peso una carga imposible de llevar,
tras eones y kalpas de práctica de neijia, yoga, danzas derviches y teurgia como la enseñaba jámblico, un día, mientras abrazaba el árbol, dando inicio a su qigon mañanero, abrió sus ojos con sobresalto al notar que los dedos de ambas manos se habían encontrado
se sacudió como un perro mojado con la gracia de nijinsky y apuntó cada brazo a este y oeste, miró a uno y otro lado, cerró los ojos y al hacerlo sus brazos salieron disparados, abarcando en totalidad las praderas de empatía que no se encuentran en ningún mundo exterior y a las que no se llega invocando ninguna llave pues es la fuente misma de las llaves, que brotan de sus árboles en cada primavera y por ende es la primavera de las llaves, encontrándose la cerradura en el corazón, que el hombre de plástico logró abrir, una mañana, con su elasticidad primordial