tres personas sentadas en un bar
formando prácticamente un triángulo equilátero,
con la entrada que enfrenta al Parque Chacabuco como base,
tres personas, no una misma, eso sería horriblemente borgeano,
ninguna de las cuales rompe el silencio
que sólo se atreve a abrumar el constante ronquido de la heladera,
tres personas y expresiones tan similares,
tres personas llamadas capuchino, café y vino con soda, solas las tres,
abrumadas por la vida o el letargo de los dueños del bar
y compartiendo sensaciones que nadie debería vivir,
ni hombre ni mujer que pisen esta tierra deberían nunca volver a sentirse tristes,
a partir de este momento, nunca más
el triángulo prácticamente equilátero se rompió
con somnolencia y solemnidad,
extremado protocolo y sólo quedó un capuchino tibio, casi vacío