lunes, 10 de septiembre de 2007

polilla

no soy una larva que resiente y sufre y come las hojas a un costado del mundo, no soy una larva gris que vive en un mundo hostil en que lo bueno dura poco, pibe, no soy una larva envidiosa de cualquier cosa que vuele, aferrada a sus tantas tontas patas, no soy una larva que idolatra la transición y la espera, no soy una larva que engorda con miedo a que las hojas se acaben y el universo con ellas, no soy una larva que siempre espera lo peor, que hace de su lucha fatua un trofeo de cartón, porque come y lucha y engorda creyendo bien en el fondo que fracasará y creyendo que es meritorio desperdiciar su vida de larva en el tedio, la desconfianza y la mediocridad del no-del-todo bien, no-del-todo satisfecho, no-del-todo tranquilo, no, no soy una larva que engorda soñando en felicidades coloridas de mariposa, no, los colores están acá, no, la felicidad está acá, acá, acá, no, no soy una larva

aunque no tenga alas, soy una polilla, aunque tenga tantas patas, soy una polilla, aunque me duela la vista a veces, soy una polilla: no espero, me acerco con uno, otro y mil pasos al borde de la hoja y salto, porque me deshago y soy una polilla, no espero, porque no existe ni una sola piedra en el camino, porque cuando veo el reflejo de la hoja en el charquito no hay hostilidad sino sólo una hermosa hoja verde y una polilla revoloteando en medio de todas las cosas, donde no falta nada, una polilla que supera constantemente su programación de larva, una polilla que confía en sí misma y en todas las cosas, soy una polilla y descanso en la quietud del cambio constante que es silenciosa, inmóvil, permanente quietud, soy una polilla, entusiasmada, entusiasmada de ser polilla, poseída por una polilla, que sabe que dios es una polilla, que dios es real, que ella es una polilla, real, que la naturaleza entera es una polilla, que la luz es una polilla, que las hojas lo son y también el charquito, soy una polilla que no hace lugar al miedo, porque sabe que lo elevado no es una ilusión, que ella es la ilusión, que la polilla es la ilusión que vuela y cuyo aleteo es real, que sabe que es real, poseída por la matriz misma de lo real, soy una polilla, inundada por entusiasmo y confianza, que asegura, si es necesario por escrito y con firma de escribano público matriculado, que la vida es una maravillosa polilla y cuando las palabras se agotan el aleteo persiste