jueves, 19 de julio de 2007

el árbol blanco

algunas de sus hojas
casi alcanzaron el cielo
cuando ayer en escalada
comiendo de sus frutos
se me ocurrió
descender a sus sangrientas raíces
-igual de blancas que sus hojas y el sol tras ellas-
para averiguar cómo volver
a donde ningún subte me puede llevar

miré hacia abajo y
vi, en el espacio entre
la tierra y las raíces,
igual al que existe entre
un pixel y otro de un monitor,
a la vista de todos pero
para mí solamente para mí,
una semilla

me agaché
la devoré y la planté en mí,
para que vuelva a crecer
más blanco aún,
con raíces más gruesas
y hojas más transparentes
y resurjan en mí
las luces de oro y plata
anteriores al sol y la luna
y nunca más esté sin ellas