el nerviosismo de la
tinta ignorante de
lo que escribe le
impide descansar en paz
en la hoja, la tinta
debe tener fe en el escritor
pero también saber
negarse y ser
igual de seca que la hoja;
si desea demasiado salir
lo hace antes de tiempo
y se desperdicia, si
no lo desea para nada también
se desperdicia. tiene que salir
cuando la mano brilla y sin
desearlo,
la tinta debe dominar el
deseo para no entorpecer a la
mano, para ser una extensión
de la mano