podía intentar adivinar
el recorrido del sol
tras el velo gris de algodón
que encajaba
-inmensa es la satisfacción
y la confianza en el universo
cuando aunque sea dos cosas
encajan-
en la suite troileana
que escuchaba y tarareaba
cuando amasaba la harina de trigo,
e integral, salvado, una cucharada de sal,
levadura, seis de aceite de girasol,
el secreto: una cucharada de aceite de
sésamo, agua tibia, y al final: provenzal
y páprika y una mirada ocasional
por la ventana, para
adivinar dónde estará
el sol,
si en el horizonte
en un bandoneón
en mi pan casero
o en todos a la vez