viernes, 6 de julio de 2007

ombligogénesis

no, no sólo vos, el universo y cada átomo
nació en tu ombligo, formas inmateriales
fueron surgiendo de formas aún más inmateriales
al ritmo de astronomy domine y cada cosquilla
cósmica en tu formándose en aquel entonces y
ahora bien formada e inagotabe cintura aumentaba
el nivel de desorden explotando en un nivel superior
de coherencia; evolución, según prigogine

todo nació ahí, las manchas en las paredes,
el olor de las velas, las escobas hechas de
madera (pidiendo permiso previamente al árbol
por la materia prestada), los brebajes y
la vida (el eterno domingo, gris pero al rededor
de las seis, o antes o después según la estación,
púrpura o lisa, por no decir rosa)

tus ojos, esas cosas redonditas que miran y se
miran con voz baja (y dulce), también salieron de
tu ombligo y también mis ojos y mi ombligo
nacieron del tuyo

se desprendió también el olor, el color, el sabor
del vino derramado en eleusis, por un neófito
asustado y por li po en las montañas; también
del pequeño agujerito en tu medio surgió la imagen
del vino, color entre bordó y negro y rojo según la
iluminación, cayendo por la nieve, cuidadas por nubes
y más montañas

miles de millones de años y de cuadras de baires después,
la magia se perpetúa allí mismo, en el centro de todas las
cosas y de vos y se extiende al otro que soy yo y a tu
espalda y a la mía, que también salieron de tu ombligo,
y mis labios y todo lo que existe y todo lo contenés

para P