donde en medio del verano
vientos de cien kilómetros por hora
devuelven la vida,
donde algunos todavía
leemos a von nettesheim y
donde el tedio es invento de uno y nada más
y el aroma de
colonia wells en la piel
y sándalo al lado de la cama
antes de dormir no,
no son un invento,
donde dragones ofrecen tablas
en la movida sesenta y dos y aceptás
(ninguno jugó muy bien,
pero fuego movía las piezas),
donde a menos de media cuadra
de tu dulce hogar
hay un quiosco atendido por un
espíritu planetario donde comprás
cada tanto un mantecol,
cerca de donde cayó hoy
una rama por los vientos,
de cien kilómetros por hora que devuelven la vida