los hijos de la estrella matutina
la escuchamos más que cuando cayó
hace tantos años que no la recordamos caer
y todas, todas las mañanas
la escuchamos pero no de verdad ni apreciamos
su caída de verdad ni su belleza ni lo haremos
hasta que gracias a su caída y su influencia
superemos el toma y dame phrénico
y de sus restos hagamos comida para perros